Estar atrapado en un vehículo durante un atasco con altas temperaturas puede provocar malestar e incluso ataques de ira al volante. El calor extremo afecta nuestro cuerpo incrementando el ritmo cardíaco, la presión arterial y los niveles de cortisol, según la Organización Mundial de la Salud.
Este aumento en los niveles de estrés fisiológico contribuye a una menor tolerancia al ruido y a un incremento de la impaciencia e irritabilidad en entornos con alta concentración de personas y vehículos.













