Una falla técnica en el sistema de control de tráfico aéreo del Reino Unido provocó la cancelación de aproximadamente 2,000 vuelos, afectando de manera directa a cientos de miles de viajeros. A pesar de que las operaciones aéreas comenzaron a reanudarse paulatinamente, las interrupciones persistieron debido a que tanto las aeronaves como las tripulaciones quedaron fuera de sus posiciones programadas.
Ante esta situación, el gobierno británico otorgó un plazo de una semana a la empresa responsable de la gestión del tráfico aéreo para que investigue a fondo las causas del fallo. Asimismo, se ordenó una revisión independiente con el objetivo de esclarecer detalladamente lo ocurrido y establecer medidas que eviten futuras interrupciones en el servicio.