La percepción del tiempo es subjetiva, determinada por cómo el cerebro procesa estímulos. Eventos nuevos y estimulantes se perciben más largos, mientras que las rutinas hacen que el tiempo pase rápido.
Un fenómeno llamado cronostasis, donde el tiempo parece detenerse al mirar un segundero, es una ilusión generada por el cerebro al llenar un vacío perceptivo. Emociones, atención y memoria influyen en la sensación del paso del tiempo.