Si alguna vez te has preguntado dónde reside el amor en nuestro cuerpo, la respuesta es: en el cerebro. Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Aalto y publicado en la prestigiosa revista Cerebral Cortex ha revelado las áreas cerebrales que se activan cuando experimentamos diferentes tipos de amor.
Para llegar a esta conclusión, los científicos sometieron a 55 adultos a resonancias magnéticas mientras les relataban historias relacionadas con seis tipos de amor: filial (hacia los hijos), romántico (hacia la pareja), fraternal (hacia los amigos), compasivo (hacia desconocidos), hacia las mascotas y hacia la naturaleza.
¿Qué regiones del cerebro se activan con los diferentes tipos de amor?
Los resultados fueron reveladores. Al analizar las imágenes cerebrales, los investigadores identificaron varias regiones que se activaban de manera consistente cuando los participantes experimentaban amor. Entre ellas destacan:
- Ganglios basales: Estas estructuras cerebrales están involucradas en la recompensa, el aprendizaje y la motivación.
- Línea media de la frente: Asociada con la cognición social y la empatía.
- Precuneus: Implicado en la autoconciencia, la introspección y la memoria autobiográfica.
- Unión temporoparietal: Relacionada con la percepción del cuerpo y la teoría de la mente (la capacidad de atribuir estados mentales a otros).
¿Cuál es el tipo de amor más intenso que existe?
Los científicos observaron que el amor más intenso, según la actividad cerebral, era el amor filial, es decir, el amor hacia los hijos. Este hallazgo sugiere que el vínculo entre padres e hijos es especialmente profundo y está arraigado en nuestro cerebro. Le siguieron en intensidad el amor romántico y el amor fraternal a larga distancia.
¿Qué áreas cerebrales activan los distintos tipos de amor?
El estudio también mostró que los diferentes tipos de amor activan redes cerebrales ligeramente distintas. Por ejemplo, el amor interpersonal (hacia personas) activa principalmente áreas sociales del cerebro, mientras que el amor por la naturaleza activa el sistema de recompensa y las áreas visuales. En el caso de las mascotas, se activaron tanto áreas sociales como cognitivas, lo que sugiere que establecemos vínculos sociales complejos con nuestros animales de compañía.
¿Qué implicaciones tiene esta investigación?
Al identificar las áreas cerebrales involucradas en el amor, los científicos pueden explorar nuevas vías para tratar trastornos relacionados con las relaciones interpersonales, como la depresión o la ansiedad social. Además, esta investigación puede ayudar a comprender mejor la evolución del amor y su papel en la sociedad.
El amor, lejos de ser un sentimiento abstracto, es un fenómeno complejo que tiene una base neuronal sólida.
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