Con la llegada del otoño, muchas personas sienten cambios físicos y emocionales que pueden llegar a afectar su bienestar. La realidad es que "no nos pone triste el otoño, sino los cambios de luz”, los cuales desencadenan alteraciones en nuestro cuerpo que pueden derivar en el trastorno afectivo estacional.
¿Por qué nos sentimos "tristes" en otoño?
La disminución de la luz solar en esta época del año es una de las principales causas de las sensaciones de melancolía, cansancio y somnolencia. Esto ocurre porque la menor exposición a la luz natural afecta nuestros ritmos circadianos, los cuales están controlados por un grupo de neuronas en el hipotálamo conocido como el núcleo supraquiasmático. Este "reloj biológico" regula la producción de melatonina, una hormona que aumenta en respuesta a la oscuridad, provocando somnolencia y falta de energía. “Cuando hay menos luz, el cerebro elabora más melatonina, y esto provoca que nos sintamos más cansados”, explica Gómez.
La "tristeza otoñal" no afecta a todos por igual. Algunas personas, que no disfrutan del calor del verano, esperan con ansias la llegada del clima más fresco. No obstante, a nivel biológico, todos experimentamos en mayor o menor medida los efectos de la menor luz solar y los cambios de temperatura.
¿Qué son los ritmos circadianos y qué tiene qué ver con la "tristeza otoñal"?
Los ritmos circadianos, que controlan nuestros ciclos de sueño y vigilia, juegan un papel crucial en cómo nos adaptamos al otoño. Estos ciclos están profundamente conectados con la luz natural, pero muchas veces no coinciden con los horarios laborales que tenemos. “Se impulsa a las personas a trabajar en horarios que no les vienen bien biológicamente”, lo que puede generar desajustes en el reloj biológico y, por ende, problemas de salud mental como el trastorno afectivo estacional.
Estos síntomas muchas veces se presentan incluso antes de que se acorte significativamente la luz del día, comenzando a manifestarse desde el 1 de septiembre. Los problemas laborales que resurgen después del verano son un factor clave en el aumento de estrés y malestar emocional.
Consejos para adaptarse al otoño
Para evitar que estos cambios afecten negativamente nuestra salud física y mental, Gómez recomienda respetar nuestro ritmo circadiano tanto como sea posible. Esto implica adaptar nuestros horarios a la luz natural, aprovechando al máximo las horas de luz solar, especialmente por las mañanas. Sin embargo, reconoce que no siempre es posible, ya que los horarios laborales no suelen estar diseñados para alinearse con los ritmos biológicos.
Otro consejo importante es el contacto con la naturaleza, que puede ayudar a combatir los síntomas de la melancolía otoñal. Los bosques, ríos y el mar generan una sensación de bienestar gracias a los iones negativos presentes en esos entornos naturales, los cuales aumentan los niveles de serotonina, una hormona clave en la regulación del estado de ánimo.
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