Más de 10 millones de muertes al año, el cáncer representa la segunda causa de muerte en todo el mundo y su incidencia no deja de aumentar. Si bien la enfermedad ya está bien documentada en mascotas y animales de granja, investigaciones recientes han revelado que el cáncer también afecta a la gran mayoría de organismos multicelulares, desde mejillones hasta elefantes.
Sin embargo, no todas las especies son igual de susceptibles al cáncer. Un ejemplo claro es el antílope cervicapre, una especie herbívora de la India con una tasa de cáncer casi nula, mientras que el kowari, un pequeño marsupial carnívoro de Australia, tiene una tasa de cáncer muy alta.
¿Por qué algunas especies son más resistentes al cáncer que otras?
Esta pregunta intriga a los investigadores y abre un campo de investigación prometedor para el desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer en humanos.
La paradoja de Peto: tamaño no siempre significa más cáncer
Un aspecto que llama la atención es que las especies de gran tamaño no necesariamente tienen más cáncer que otras. Esto se conoce como la paradoja de Peto, en honor al estadístico inglés que la identificó por primera vez.
Si asumimos que todas las células tienen la misma probabilidad de acumular mutaciones, entonces los animales más grandes, con más células, deberían desarrollar más cánceres. Sin embargo, la realidad es que no hay una correlación directa entre tamaño corporal y frecuencia de cáncer.
¿Cómo lo logran? La respuesta se encuentra en la evolución. Las especies de gran tamaño han desarrollado mecanismos de resistencia al cáncer más eficaces junto con el aumento de su tamaño. Estos mecanismos también podrían estar presentes en especies con una esperanza de vida más larga, donde las mutaciones tienen más tiempo para acumularse.
¿Cuál es el secreto de la resistencia al cáncer?
Científicos de todo el mundo están investigando los mecanismos de resistencia al cáncer en diferentes especies. Un ejemplo emblemático es el elefante africano, que tiene 20 copias del gen TP53, responsable de eliminar las células con comportamiento anormal y reparar el ADN. Esto le otorga una gran resistencia al desarrollo de cáncer.
En el caso de la ballena de Groenlandia, que vive alrededor de 200 años, su sistema de reparación del ADN es muy preciso y eficaz para ciertos tipos de daños. Este sistema involucra dos proteínas que limitan la acumulación de mutaciones que transforman células sanas en cancerosas.
Incluso las especies más pequeñas tienen mecanismos anticancerígenos poderosos. La rata topo desnuda, campeona de la longevidad entre los roedores, es extremadamente resistente al cáncer. Tiene varios mecanismos para limitar el desarrollo de tumores, incluyendo una alta sensibilidad a la densidad de las células dentro de un tejido.
Al igual que la naturaleza ha inspirado la tecnología en diversas áreas, la biomímesis, el estudio de los mecanismos biológicos para aplicaciones tecnológicas, también podría ser clave para combatir el cáncer.
El estudio de estas especies resistentes al cáncer podría revelar nuevos mecanismos de defensa contra la enfermedad, con la esperanza de que algunos de ellos puedan ser aplicados en el desarrollo de tratamientos para humanos.
Para esta y más información, síguenos en nuestras redes sociales. En Facebook nos encuentras como TV Azteca Ciudad Juárez, vía Twitter @AztecaJrz. Instagram @tvaztecaciudadjuarez en TikTok @tvaztecaciudadjuarezo también visita más notas en nuestro sitio https://www.aztecaciudadjuarez.com/














