La célebre Primera Ley de la Robótica de Isaac Asimov, escrita en 1941, afirmaba que “un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño”.
¿La inteligencia artificial está provocando daño económico o laboral?
Hoy, más de 80 años después, la pregunta sobre si la inteligencia artificial (IA) cumple con ese principio ético resuena con fuerza. El debate no es solo filosófico: la pérdida de empleos, la reconversión económica y la velocidad con que las industrias se adaptan a la IA plantean interrogantes sobre los efectos reales que esta tecnología está teniendo sobre las personas. Uno de los sectores que ya enfrenta esa transformación es el editorial.
Un reciente informe de la Unesco y la Universidad Nacional de San Martín, titulado Navegando lo incierto, ofrece un primer panorama sobre los usos y percepciones de la IA generativa en el mundo del libro en Iberoamérica.
Realizada entre octubre y diciembre de 2024, la encuesta recopila las experiencias de más de 2,000 actores del sector. En medio de este análisis, los autores destacan la irrupción de nuevas herramientas como Deepseek, de origen chino, y Deep Research, de OpenAI, capaces de realizar tareas complejas en segundos. La IA ya es un hecho en el mundo editorial, y aunque no tenga cuerpo de robot, su influencia plantea los mismos dilemas éticos que Asimov anticipó hace décadas.