¿Alguna vez te has preguntado por qué los atletas suelen emitir gruñidos o gritos durante sus entrenamientos o competiciones? Más allá de ser una mera expresión de esfuerzo, esta práctica podría estar respaldada por la ciencia.
Un creciente cuerpo de investigación sugiere que los sonidos que emitimos durante actividades físicas intensas pueden tener beneficios tanto físicos como psicológicos. Mary J. Sandage, profesora de habla y lenguaje, señala que la maniobra de Valsalva, que consiste en contener el aire en los pulmones mientras se ejerce fuerza, podría estar detrás de parte de la potencia que ganamos al gruñir. Esta técnica, similar a la que utilizamos al pujar, aumenta la presión intraabdominal y estabiliza el tronco, permitiendo generar más fuerza.
Sin embargo, Sandage advierte que estos beneficios podrían estar limitados a esfuerzos cortos y explosivos.
¿Qué beneficios además de lo físico tiene hacer sonidos mientras nos ejercitamos?
Los beneficios del gruñido no se limitan al ámbito físico. Sarah Ullrich-French, psicóloga deportiva, destaca el papel de los sonidos en la concentración y el control emocional. Al emitir un sonido, los atletas pueden canalizar su energía y entrar en un estado mental más enfocado.
Scott Sinnett, psicólogo cognitivo, añade que los sonidos también pueden servir para establecer un ritmo y sincronizar el cuerpo con la actividad que se está realizando.
¿Qué impacto social tiene hacer sonidos mientras nos ejercitamos?
Si bien los beneficios individuales del gruñido son evidentes, también es importante considerar su impacto en el entorno. Un gruñido bien ejecutado puede desestabilizar a un oponente en un partido de tenis, mientras que un exceso de ruido puede resultar molesto para los demás.
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