Alma, una emprendedora de Ciudad Juárez, encontró la manera de transformar el negocio familiar de plantas en una propuesta diferente: fusionar un vivero con un restaurante. La iniciativa surgió hace aproximadamente dos décadas, cuando ella y su hijo identificaron una necesidad entre quienes visitaban el lugar.
Un espacio para disfrutar sin prisas
La idea tomó forma al observar que algunos clientes de la tercera edad necesitaban un sitio cómodo donde pudieran sentarse a descansar, tomar una taza de café o disfrutar de un desayuno sencillo después de recorrer el vivero. Así nació un concepto que invita a combinar el gusto por las plantas con una experiencia gastronómica.
Naturaleza, comida y talento mexicano
Este espacio ofrece a los visitantes la oportunidad de disfrutar de un entorno rodeado de plantas mientras degustan alimentos y bebidas. La experiencia también se complementa con una variedad de artesanías 100% mexicanas, que aportan un toque cultural y permiten apreciar el trabajo de creadores nacionales.
La familia, el motor del emprendimiento
Para Alma, el crecimiento de sus proyectos ha sido posible gracias al respaldo de su familia, a quien considera un pilar fundamental para concretar cada iniciativa. La emprendedora también expresó su agradecimiento a Dios por acompañarla en este camino, en una historia que demuestra cómo una idea nacida de observar las necesidades de los clientes puede convertirse en un negocio con identidad propia en la frontera.