Parece que la “Princesa del Pop” ha decidido asegurar su tesoro musical con un movimiento que está sacudiendo a la industria. Britney Spears habría cerrado un trato por aproximadamente 200 millones de dólares a cambio de la propiedad de todo su catálogo. Esto significa que los derechos de himnos que definieron a toda una generación, desde sus inicios escolares hasta sus fases más experimentales, ahora pertenecen a un grupo inversor.
El paquete incluye las joyas de la corona como “Baby One More Time”, “Oops!... I Did It Again” y “Toxic”. Con esta venta, Britney se une a una tendencia de grandes leyendas de la música que prefieren recibir una suma masiva de dinero en una sola exhibición en lugar de esperar las regalías mensuales por reproducción. Es, sin duda, un cierre de ciclo simbólico tras años de lucha por recuperar el control total de su vida y su patrimonio.
Este movimiento le otorga una libertad financiera absoluta para enfocarse en sus proyectos personales, su libro o simplemente disfrutar de su vida lejos de las presiones de las disqueras. Aunque para los fans pueda sentirse como el fin de una era, para ella representa un cheque en blanco hacia su futuro y la consolidación de su legado como una de las artistas más rentables de la historia.