Pocos días después de registrarse momentos de tensión por un doble terremoto en el país, el cielo de Caracas, Venezuela, sorprendió a miles de ciudadanos al teñirse por completo de intensos tonos rojos, naranjas y púrpuras, un impactante espectáculo visual que se viralizó rápidamente en las redes sociales.
Este vistoso fenómeno meteorológico es conocido popularmente como “candilazo” o arrebol. Se trata de un efecto óptico que ocurre de manera regular cuando la luz solar tiene que atravesar una mayor cantidad de atmósfera durante el amanecer o el atardecer, debido a la inclinación de los rayos del sol en esos momentos del día.
Ciencia detrás de los colores y mitos descartados
Durante este trayecto prolongado de la luz, las longitudes de onda más cortas —que corresponden a los tonos azules y violetas— chocan y se dispersan debido a las partículas suspendidas en el aire, tales como el polvo, la humedad y los cristales de hielo en las nubes altas. Este proceso físico permite que solo las longitudes de onda más largas, pertenecientes a la gama de los rojos y naranjas, logren pasar directamente y se reflejen con fuerza en la base de las nubes.
Ante el asombro y las especulaciones de la población, quienes relacionaban el color rojizo del firmamento con presuntos presagios o réplicas de los temblores, diversos geólogos y meteorólogos salieron a aclarar la situación. Los expertos enfatizaron que este efecto óptico es un proceso atmosférico completamente natural y que no existe ningún tipo de vínculo científico ni relación de causa y efecto con la reciente actividad sísmica ocurrida en la región de La Guaira y la capital.