La intolerancia a la lactosa es una condición digestiva común que afecta a personas de todas las edades, causada por la deficiencia de lactasa, una enzima necesaria para digerir el azúcar de la leche. Esto provoca síntomas como inflamación abdominal, gases, diarrea y malestar general tras consumir productos lácteos.
Aunque no tiene cura definitiva, se puede manejar con una dieta adecuada, utilizando alternativas sin lactosa como leches vegetales o productos lácteos modificados. Es importante consultar a un profesional de la salud para un diagnóstico correcto y una guía nutricional personalizada, asegurando una buena salud digestiva y evitando carencias de calcio y vitamina D.