Un hallazgo arqueológico sin precedentes ha confirmado una de las prácticas más peculiares de la medicina antigua: el uso de heces humanas con fines curativos en el Imperio Romano. Investigadores descubrieron un frasco de vidrio del siglo II que contiene una mezcla de residuos orgánicos, tomillo y aceite de oliva, proporcionando la primera evidencia física de estos remedios que, hasta ahora, solo existían en crónicas escritas.
Este “ungüento” coincide con las recetas documentadas por Galeno, el médico más influyente de la antigüedad, cuyas enseñanzas dominaron la medicina europea durante más de mil años. Según los textos de la época, estas combinaciones se utilizaban para tratar diversas afecciones, creyendo que las propiedades de ciertos elementos orgánicos, combinados con hierbas aromáticas, tenían efectos regenerativos o protectores.
El descubrimiento no solo valida los relatos históricos, sino que ofrece una ventana fascinante a la botánica y la farmacopea romana. Al analizar los restos del frasco, los científicos han podido comprobar la precisión con la que se seguían las instrucciones de Galeno, demostrando que la medicina romana era una mezcla compleja de observación empírica y tradiciones que hoy nos resultan sorprendentes.