El estado de Oklahoma enfrenta una de las peores crisis ambientales de su historia reciente debido al “Ranger Road Fire”, un incendio forestal masivo que ha consumido más de 283,000 acres (superando ya los 150,000 iniciales) y que ha cruzado la frontera hacia Kansas. Las condiciones climáticas extremas, con ráfagas de viento que han superado los 100 km/h y una humedad relativa peligrosamente baja, han convertido los pastizales en un polvorín, obligando a la evacuación de más de 11,000 personas en comunidades como Woodward, Ashland y Englewood.
El gobernador Kevin Stitt ha declarado el Estado de Emergencia para los condados de Beaver, Texas y Woodward, activando recursos federales y estatales para combatir las llamas. A pesar del despliegue de equipos de supresión, el fuego se ha comportado como un “incendio rápido”, duplicando su tamaño en menos de 24 horas durante el pico de la tormenta de viento. Hasta este sábado 21 de febrero, los brigadistas han logrado avanzar en la contención, alcanzando un 30% de control en el incendio principal, aunque el riesgo de nuevos focos se mantiene latente debido a la persistente sequía que afecta al 74% del estado.
La tragedia no solo ha dejado pérdidas materiales con la destrucción de múltiples estructuras y granjas, sino que también ha cobrado un alto precio humano y animal; cuatro bomberos han resultado heridos en el cumplimiento de su deber y cientos de agricultores luchan por salvar a su ganado de las llamas. Las autoridades mantienen cerrados varios tramos de carreteras por la nula visibilidad causada por el humo y el polvo, advirtiendo a la población que cualquier chispa podría desatar un nuevo desastre bajo las actuales alertas de bandera roja.