Moscú se encuentra bajo el asedio de la naturaleza con una tormenta invernal que amenaza con romper récords históricos. Las autoridades meteorológicas rusas advierten que esta nevada podría posicionarse entre las cinco más intensas desde que se tiene registro en la capital, con acumulaciones que se espera alcancen los 80 centímetros. El panorama se agrava por ventiscas implacables y ráfagas de viento de hasta 17 metros por segundo, creando condiciones de “blanco total” que han paralizado la vida urbana.
El impacto en la infraestructura ha sido inmediato y severo. La visibilidad se ha reducido a niveles mínimos, lo que ha derivado en múltiples accidentes de tránsito, decenas de camiones de carga varados en las principales arterias y embotellamientos kilométricos que mantienen a la ciudad a vuelta de rueda. El transporte aéreo no ha corrido mejor suerte; en los aeropuertos de la metrópoli, cerca de 140 vuelos han sido cancelados o reprogramados, dejando a miles de pasajeros en tierra mientras las cuadrillas de limpieza luchan por despejar las pistas.
Los servicios de emergencia trabajan a máxima capacidad para rescatar a conductores atrapados y mantener operativos los servicios básicos. Se ha pedido a la población evitar el uso de vehículos particulares y permanecer en sus hogares si no es estrictamente necesario salir, ya que el pronóstico indica que el temporal mantendrá su fuerza durante las próximas horas, complicando aún más las labores de remoción de nieve en la que ya es una de las jornadas más gélidas de la década.