El caos se apoderó de los accesos al aeropuerto de Madrid tras la rotura de una tubería de gran calibre que transformó las vialidades en verdaderos ríos. La magnitud de la fuga fue tal que un túnel estratégico quedó completamente anegado, dejando a varios vehículos atrapados bajo una densa capa de agua. Este incidente no solo colapsó el tráfico terrestre, sino que obligó a suspender el servicio de metro que conecta con las terminales aéreas, provocando que cientos de viajeros tuvieran dificultades para llegar a sus vuelos.
La situación alcanzó niveles críticos cuando el nivel del agua comenzó a cubrir casi por completo a los coches que circulaban por la zona afectada. Equipos de emergencia y bomberos desplegaron un operativo inmediato para poner a salvo a unas 20 personas que habían quedado atrapadas dentro de sus automóviles en medio de la inundación. Las imágenes del rescate, con conductores siendo ayudados a salir de sus vehículos semisumergidos, han dado la vuelta al mundo, reflejando la vulnerabilidad de la infraestructura urbana ante este tipo de fallos técnicos.
Actualmente, las autoridades trabajan en la reparación de la tubería y en las labores de desagüe para reabrir las carreteras clave que permanecen cerradas. Aunque se ha logrado restablecer la seguridad de los implicados, las afectaciones viales persisten y se recomienda a los usuarios del aeropuerto consultar rutas alternativas y verificar el estado del transporte público. El evento ha generado un fuerte debate sobre el mantenimiento de la red de suministro de agua en las zonas más transitadas de la capital española.