El estremecedor homicidio de Christopher Raymundo Márquez Mora, un niño de tan solo seis años de edad, dejó al descubierto un nivel de violencia alarmante cometido por menores de edad en la colonia Laderas de San Guillermo, una zona conurbada del municipio de Aquiles Serdán, Chihuahua. Las declaraciones oficiales y testimonios de la reconstrucción del caso revelan la frialdad con la que actuaron los cinco implicados, cuyas edades oscilan entre los 12 y los 15 años durante mayo del año 2015
¿Cómo fue el homicidio de Christopher en manos de los menores?
Christopher, conocido cariñosamente como "El Negrito", caminaba por la calle cuando fue abordado por Valeria, una de las implicadas, quien lo invitó a acompañarla a un barranco cercano ubicado detrás del Cereso número 1, bajo el pretexto de tirar a un perro moribundo que llevaba atado a una cadena. En el trayecto, se sumaron los hermanos de la niña, Jorge Eduardo e Irving, además de otra vecina identificada como Alma Leticia.
De acuerdo con la declaración judicial de uno de los imputados a la que se tuvo acceso, comenzaron a jugar a los criminales, cuando a Irving se le ocurrió la idea de secuestrar al niño argumentando que "le traía ganas".
A pesar de los ruegos de Christopher, quien suplicaba que lo dejaran ir prometiendo no decirle nada a su madre, los agresores procedieron a someterlo. Para callar sus llantos, le cubrieron el rostro con el hule de un paraguas abandonado y, posteriormente, le colocaron un plástico en la boca y un palo sobre el cuello, en el cual se subieron para asfixiarlo.
Valeria le propinó 22 puñaladas en el costado derecho con un cuchillo. La autopsia posterior confirmó que el menor falleció debido a una combinación de asfixia por estrangulación y traumatismos causados por objetos contundentes. Tras consumar el homicidio, los implicados cavaron una fosa, enterraron el cuerpo, lo cubrieron con hierbas y regresaron a sus hogares a bañarse y limpiar el arma y la cadena ensangrentadas.
¿Cómo dieron con el cadáver de Christopher?
Los cinco menores decidieron unirse a los operativos de búsqueda comunitarios, acompañando a la madre durante toda la madrugada y el día siguiente, simulando ayudar a localizar al infante que ellos mismos habían enterrado horas antes.
El caso dio un vuelco debido a la culpa de uno de los participantes. Durante la madrugada posterior, el menor despertó asustado manifestando que escuchaba la voz de la víctima y terminó confesando el suceso a su hermana. Su madre, al notar una conducta rebelde y tras escuchar parte de la situación, lo trasladó a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado. Ante las autoridades, el menor terminó por confesar el crimen y guió a los agentes ministeriales hasta el arroyo. Al remover las ramas de la fosa clandestina, las autoridades localizaron el cadáver del niño, el cual aún llevaba en la bolsa de su pantalón un carrito azul con el que solía jugar.
Noticias Colima del 19 de junio 2026
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