Las autoridades meteorológicas y de protección civil de China y Taiwán encendieron las alarmas de máxima emergencia ante la inminente llegada del tifón Bavi, un poderoso sistema que los especialistas advierten podría convertirse en el ciclón tropical más grande y devastador en impactar de manera directa estos territorios en las últimas cuatro décadas. La trayectoria del fenómeno mantiene en vilo a las regiones costeras debido a su rápido fortalecimiento en aguas del Pacífico.
Los reportes satelitales indican que el ciclón registra vientos sostenidos y rachas destructivas que rozan los 200 kilómetros por hora, una intensidad que amenaza con generar lluvias torrenciales acumuladas, inundaciones severas en zonas urbanas bajas y deslaves de tierra en los sectores montañosos. Los modelos de inundación prevén afectaciones severas en la infraestructura portuaria y de transporte de ambas naciones.
Ante el peligro inminente, el gobierno de Taiwán ordenó la cancelación inmediata de decenas de vuelos comerciales e internacionales, así como la suspensión de rutas marítimas. Elementos del ejército y soldados de las fuerzas armadas permanecen en estado de alerta máxima para desplegar labores de evacuación y rescate, mientras que pescadores en los muelles y habitantes de las comunidades costeras trabajan a contrarreloj reforzando las estructuras de sus viviendas y asegurando las embarcaciones en zonas de resguardo.
Por su parte, la región sur de China se enfrenta a este escenario crítico en un momento de extrema vulnerabilidad, ya que la población y los cuerpos de emergencia aún se recuperan de los estragos materiales y humanos causados por el reciente paso del tifón Maysak. Dicho meteoro previo dejó un saldo trágico de decenas de personas fallecidas y desaparecidas, por lo que las autoridades chinas agilizan los protocolos de prevención para evitar que la nueva tormenta multiplique los daños en las zonas ya colapsadas.