La ciudad de Seúl se convirtió en la sede de un singular certamen de siestas, una iniciativa civil diseñada con el propósito de visibilizar la importancia del descanso y poner sobre la mesa la crisis de privación de sueño que afecta a una parte considerable de la población en Corea del Sur. La dinámica del evento requería que los concursantes se presentaran con un nivel evidente de fatiga para posteriormente recostarse a dormir en las instalaciones de un parque público.
Durante el desarrollo de la actividad, un equipo de especialistas médicos y técnicos se encargó de monitorear de manera constante el ritmo cardíaco de cada uno de los participantes. Esta medición científica sirvió como parámetro para evaluar la profundidad y la calidad real del sueño de los competidores, determinando así a quienes lograron el descanso más efectivo en un entorno abierto.
La convocatoria atrajo principalmente a estudiantes universitarios y trabajadores de distintos sectores profesionales, perfiles que de manera habitual reportan dormir pocas horas por la noche debido a la exigencia de las extensas jornadas de trabajo y a la intensa presión académica característica de la nación asiática.
Los organizadores señalaron que, más allá del carácter llamativo del concurso, el objetivo primordial fue generar una reflexión colectiva en torno a los padecimientos físicos y mentales detonados por el desvelo crónico y el agotamiento constante, urgiendo a la adopción de hábitos que prioricen el bienestar de la ciudadanía.