Especialistas advierten que la violencia escolar, o bullying, no surge de forma aislada, sino que está ligada a factores que se originan en el entorno familiar. Si los niños observan respuestas violentas o poco reguladas ante emociones fuertes en casa, como el enojo, aprenden a replicar esas conductas en lugar de mediar o manejar sus emociones.
A largo plazo, los menores que crecen en entornos donde la violencia se normaliza pueden desarrollar dificultades para relacionarse, problemas de autoestima e incluso replicar estas conductas en su vida adulta, afectando su entorno social, familiar y laboral. Se destaca la importancia de buscar apoyo profesional para detectar a tiempo las causas, brindar orientación a las familias y fortalecer las habilidades emocionales de los menores.