Petro Urin, de 76 años, fue uno de los liquidadores del accidente de Chernobyl en 1986. De los 40 trabajadores de su empresa, solo cinco siguen vivos. Durante jornadas de hasta 12 horas en el área contaminada, comenzó a sufrir dolores de cabeza, sangrado, dolor en el pecho y debilidad severa.
Con el tiempo, desarrolló anemia, angina y otros padecimientos que atribuye a la exposición. Afirma que ninguno de los sobrevivientes goza de buena salud y describe las secuelas como un deterioro constante.